domingo, 19 de agosto de 2012

Prevención del Suicidio: La comunicación


Prevención del Suicidio

La comunicación como encuentro con el otro


El Suicidio es un problema complejo, que requiere de medidas complejas para su abordaje.

La prevención es una herramienta invaluable a la hora de “pensar” cómo y qué hacer con esta problemática.
Generalmente, esta temática se aborda después de acontecido el hecho. Se considera un tema “tabú” en la sociedad actual, y que cualquier acercamiento al mismo solo se realiza cuando nos “toca” de cerca.

La prevención se debe realizar en todos los ámbitos: profesionales, sociales, educacionales, comunicacionales y familiares.

Hablar de prevención es hablar de que éste tema es REAL y que puede “tocarnos”. Propongo empezar a “ponerle palabra” a esta realidad compleja.

Considero que el primer paso en prevención en suicidio es la capacidad de comunicación.

Comunicarnos es propio de nuestro ser, de nuestra esencia. Nosotros somos en relación a los otros y esta relación se logra mediante el lenguaje.

Comunicar no es solo hablar, se comunica de innumerables maneras. Diría P. Watzlawick, “Es imposible no comunicar” (1º Axioma de la Comunicación humana). Pero, no siempre ese mensaje es recibido por un otro (receptor del mensaje).

En la actualidad vivimos en la “era de la comunicación” pero considero que nunca estuvimos más incomunicados. Una paradoja que amerita un análisis y un replanteo subjetivo de a qué lugar nos convoca esta situación. Hemos perdido la capacidad de comunicar aquello que nos pasa cara a cara y en palabras. Allí un problema que va en aumento.

Facebook y Twitter son redes sociales masivas de comunicación donde “publicamos” aquello que nos pasa. Comunicamos, eso es innegable pero no se convoca directamente a ese otro que es el que debe ver o escuchar el pedido. Es cierto que ante el silencio es preferible explayarse en los medios sociales, pero yo convoco a que se pueda poner en palabras aquellos que nos pasa en un contacto personal, directo, cálido y humano. Como así también, propongo estar ahí y poder acoger ese pedido de ayuda o escuchar el sufrimiento que el otro manifiesta.

El comunicar lo que nos pasa no es una costumbre de esta era de la inmediatez, donde el sufrimiento, el duelo y el llanto, son sentimientos que se deben evitar para “seguir hacia delante” y “ser feliz”. Como si ser humano es solo “Ser feliz”.

Debemos aprender a respetar lo que sentimos en el momento que lo hacemos, como así también de tener un espacio que me permita expresar esas emociones. Esto no se realiza de un momento a otro, pero nunca es tarde para comenzar a practicarlo.

Abrir un espacio de escucha, de contención, de no juzgamiento en la familia, es clave en la prevención del suicidio. Allí, en ese espacio, van a surgir las problemáticas que aquejan al adolescente. Ese es el momento para compartir modos de resolución de problemas, contención, experiencias aprendidas... no importa qué se diga, sino que allí se aloja lo que queremos decir/ hacer/ pensar. Que se está ahí, en ese momento, solo para él.

El espacio no es algo fijo (de determinada hora a otra) sino un lugar que cuando se necesite allí se va a aloja al sujeto. Este espacio se construye todos los días.

El requisito  imprescindible y más difícil para escuchar es interesarse genuinamente en lo que el otro tenga para decir. No es sólo cuestión de ser buenas personas o de habilidad, implica posponer los intereses del propio yo.

Así, empezamos a construir de a poco una Comunicación eficaz para los tiempos que se nos presenta. La esencia del buen escuchar es la empatía.

La falta de comunicación va a dar lugar al silencio y al aumento de la tensión en la relación. Genera ambivalencia ya que se dice, por ejemplo posturalmente, pero no hay nada allí que nombre lo que está sucediendo.

Aquello que no se “pone en palabras” retorna en otro lugar, genera agresión directa o indirecta, por ejemplo.

En la experiencia humana hay pocas cosas tan poderosas como el deseo de ser comprendidos. Cuando nos escuchan, significa que nos están tomando en serio y que lo que tenemos para decir en definitiva importa.

El ser escuchado consolida la identidad de la persona. En presencia de un otro dispuesta a escuchar, la persona aclara sus pensamientos y descubre aquello que en verdad siente. Al explicar a un otro, la persona termina escuchándose mejor a sí misma.

El escuchar es un proceso activo, incluso a veces implica un esfuerzo para posponer las propias necesidades.

Cuando se escucha en forma genuina, el énfasis está en el hablante, no en el oyente.

Empecemos a poner palabra a lo que nos pasa y a “escuchar” (verdaderamente) lo que el otro me manifiesta. Los convoco a ese lugar, al lugar de sujetos.



Para continuar en formación recomiendo la realización del curso: "Introducción a la Suicidología".
Se puede acceder mediante este enlace: 
http://www.kaixoservicios.com.ar/course/category.php?id=5




Bibliografía:
  • “La prevención del suicidio y los maestros”: Prof. Dr. Sergio A. Peréz Barrero.
  • “La comunicación dentro del modelo de asistencia al suicida como encuentro personal”: Lic. Carlos Boronat, Lic. Fernanda Azcoitía, Lic. Nora Fontana de Villar. CAS, Buenos Ares. Argentina.
  • “La escucha es Hospitalidad”. CAS, Buenos Aires. Argentina

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