La
comunicación como encuentro con el otro
El
Suicidio es un problema complejo, que requiere de medidas complejas
para su abordaje.
La
prevención es una herramienta invaluable a la hora de “pensar”
cómo y qué hacer con esta problemática.
Generalmente,
esta temática se aborda después de acontecido el hecho. Se
considera un tema “tabú” en la sociedad actual, y que cualquier
acercamiento al mismo solo se realiza cuando nos “toca” de cerca.
La
prevención se debe realizar en todos los ámbitos: profesionales,
sociales, educacionales, comunicacionales y familiares.
Hablar de
prevención es hablar de que éste tema es REAL y que puede
“tocarnos”. Propongo empezar a “ponerle palabra” a esta
realidad compleja.
Considero que el primer paso en
prevención en suicidio es la capacidad de comunicación.
Comunicarnos es propio
de nuestro ser, de nuestra esencia. Nosotros somos en relación a los
otros y esta relación se logra mediante el lenguaje.
Comunicar no es solo
hablar, se comunica de innumerables maneras. Diría P. Watzlawick,
“Es imposible no comunicar” (1º Axioma de la Comunicación
humana). Pero, no siempre ese mensaje es recibido por un otro
(receptor del mensaje).
En la actualidad
vivimos en la “era de la comunicación” pero considero que nunca
estuvimos más incomunicados. Una paradoja que amerita un
análisis y un replanteo subjetivo de a qué lugar nos convoca
esta situación. Hemos perdido la capacidad de comunicar aquello
que nos pasa cara a cara y en palabras. Allí un problema que va en
aumento.
Facebook y Twitter son
redes sociales masivas de comunicación donde “publicamos”
aquello que nos pasa. Comunicamos, eso es innegable pero no se
convoca directamente a ese otro que es el que debe ver o escuchar el
pedido. Es cierto que ante el silencio es preferible explayarse en
los medios sociales, pero yo convoco a que se pueda poner en palabras
aquellos que nos pasa en un contacto personal, directo, cálido y
humano. Como así también, propongo estar ahí y poder acoger ese
pedido de ayuda o escuchar el sufrimiento que el otro manifiesta.
El comunicar lo que nos
pasa no es una costumbre de esta era de la inmediatez, donde el
sufrimiento, el duelo y el llanto, son sentimientos que se deben
evitar para “seguir hacia delante” y “ser feliz”. Como si
ser humano es solo “Ser feliz”.
Debemos aprender a
respetar lo que sentimos en el momento que lo hacemos, como así
también de tener un espacio que me permita expresar esas emociones.
Esto no se realiza de un momento a otro, pero nunca es tarde para
comenzar a practicarlo.
Abrir un espacio de
escucha, de contención, de no juzgamiento en la familia, es clave en
la prevención del suicidio. Allí, en ese espacio, van a surgir las
problemáticas que aquejan al adolescente. Ese es el momento para
compartir modos de resolución de problemas, contención,
experiencias aprendidas... no importa qué se diga, sino que allí se
aloja lo que queremos decir/ hacer/ pensar. Que se está ahí, en ese
momento, solo para él.
El espacio no es algo
fijo (de determinada hora a otra) sino un lugar que cuando se
necesite allí se va a aloja al sujeto. Este espacio se
construye todos los días.
El requisito imprescindible y más difícil para escuchar es interesarse
genuinamente en lo que el otro tenga para decir. No es sólo cuestión
de ser buenas personas o de habilidad, implica posponer los
intereses del propio yo.
Así, empezamos a
construir de a poco una Comunicación eficaz para los tiempos que se
nos presenta. La esencia del buen escuchar es la empatía.
La falta de
comunicación va a dar lugar al silencio y al aumento de la tensión
en la relación. Genera ambivalencia ya que se dice, por ejemplo
posturalmente, pero no hay nada allí que nombre lo que está
sucediendo.
Aquello que no se
“pone en palabras” retorna en otro lugar, genera agresión
directa o indirecta, por ejemplo.
En la experiencia
humana hay pocas cosas tan poderosas como el deseo de ser
comprendidos. Cuando nos escuchan, significa que nos están
tomando en serio y que lo que tenemos para decir en definitiva
importa.
El ser escuchado
consolida la identidad de la persona. En presencia de un otro
dispuesta a escuchar, la persona aclara sus pensamientos y descubre
aquello que en verdad siente. Al explicar a un otro, la persona
termina escuchándose mejor a sí misma.
El escuchar es un
proceso activo, incluso a veces implica un esfuerzo para
posponer las propias necesidades.
Cuando se escucha en
forma genuina, el énfasis está en el hablante, no en el oyente.
Empecemos a poner
palabra a lo que nos pasa y a “escuchar” (verdaderamente) lo que
el otro me manifiesta. Los convoco a ese lugar, al lugar de sujetos.
Para continuar en formación recomiendo la realización del curso: "Introducción a la Suicidología".
Se puede acceder mediante este enlace:
“La prevención
del suicidio y los maestros”: Prof. Dr. Sergio A. Peréz Barrero.
“La comunicación
dentro del modelo de asistencia al suicida como encuentro
personal”: Lic. Carlos Boronat, Lic. Fernanda Azcoitía, Lic. Nora
Fontana de Villar. CAS, Buenos Ares. Argentina.
“La escucha es
Hospitalidad”. CAS, Buenos Aires. Argentina